Cristina Valle 28 de junio de 2005 8-Pócimas sagradas de la selva del Perú. ¡Hay bebidas exóticas que llagan la aurora! Mahuari me pasó anoche las recetas de su selva. En Perú, me dijo, hay uvas azules grandes como melones silvestres, indanas y yaguas, con las que se preparan licores que estimulan los soles de la sangre, elixires sagrados de la inmortalidad. Se pone a macerar una tarde de invierno en mortero de roca, con hojas de achuniullo y un cuarto de aguardiente para animar de golpe los cinco sentidos. Nada mejor que un fuerte vivorachado, comentó, para practicar la hechicería, esa música de uno mismo, con serpientes jergón, a las tres de la mañana, y afirmando el amor, sin venenos y con calma, habrá que bebérselo con el alma. Para subir y bajar al fuego nada mejor que hilar siete raíces: chuhuasha, bolaquiro, jengibre, uña de gato, volátil canela, corteza del Casho y sabia de nobleza, luego machacarlas con abundante miel de abejas. Para alucinar beber aguardiente de frutos selváticos Yuca fermentada en mazato y buena dosis de mulasupi. Para tocar el éxtasis, existe el ventisho, leve libélula eje de la Tierra. Para suspendernos en la nube treparemos al cerezo y en presencia Divina beberemos ceresechados. ¿Acaso son chamanes los curanderos de la luna? Acá son médicos espirituales o brujos los que alivian la dolencia. Después de tanto brebaje, pócimas y elixires encontraremos el alma del cosmos, la inmortalidad de la naturaleza y la infinitud de nuestro ser perdido en el corazón del universo.
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